jueves, 22 de noviembre de 2018


Comparto la traducción que realice de un texto del actual Director del Departamento para Estados Unidos, Canadá y Asuntos Interamericanos de la cancillería de Brasil y próximo canciller de la administración Bolsonaro. Diplomático de carrera y escritor. El siguiente texto fue tomado de su blog personal “Metapolítica 17, contra o globalismo” https://www.metapoliticabrasil.com/ publicado el 9-11-2018. Me parece relevante comprender sus ideas.

Querer grandeza

Ernesto Araújo


Una equivocada interpretación de las tradiciones diplomáticas brasileñas intenta imponernos, hace muchos años, la visión de que Brasil es simplemente un país grande: desistimos de ser un gran país. En el universo de la diplomacia posmoderna, que infelizmente nos apresuramos a copiar a partir de modelos externos, no existe grandeza. No existe voluntad o pasión. No existe orgullo.
 El deseo de grandeza es lo que de más noble puede haber en una nación que se coloca delante del mundo.
Pero alguien decidió definir la presencia de Brasil en el mundo por su adhesión a los “regímenes internacionales”, por su obediencia al “orden global basado en reglas”. El Brasil así concebido quiere ser solo un buen alumno en la escuela del globalismo. No quiere ni incluso ser el mejor alumno, pues eso ya sería destacarse demás, ya implicaría un componente de voluntad y grandeza que repudiamos.
Cuando yo era niño, por la mitad de los años 70, me quedaba horas hojeando un libro llamado “Atlas de las Potencialidades Brasileñas” lleno de mapas de reservas energéticas y minerales, producción industrial y agrícola, etc. El subtítulo del libro decía: “Brasil Grande y Fuerte”. Hoy, quieren colocar en las manos de los niños libros sobre sexo, pero si vieran un niño leyendo un libro llamado “Brasil Grande y Fuerte” apresarían a los padres y mandarían al niño a un campo de reeducación donde le enseñarían que Brasil no es ni grande ni fuerte, pero solo un país que busca la justicia social y los derechos de las minorías.

 Antes fuera. Si hubiera una alternativa excluyente entre grandeza y fuerza, por un lado, la justicia social y los derechos de las minorías, de otro, sería incluso válido optar por estas últimas. Pero no hay exclusión. Lo que hay es una ideología manipuladora que crea una histeria permanente sobre justicia social y minorías, sin hacer absolutamente nada concreto ni por las minorías ni por la mayoría, sin ningún compromiso en mejorar la vida real de nadie, y que viste el manto de la justicia social para robar e intentar salir con el producto del robo, irrespetando tanto la justicia social como la justicia propiamente dicha. Esta ideología hace de todo para destruir cualquier poder movilizador auténtico que ella no controle, y por eso se dedica a sofocar el deseo de grandeza asociado al sentimiento nacional.

La grandeza moviliza y organiza un pueblo, crea sentido y genera energía humana, sabido es la más preciosa forma de energía. Nada peor para los planes de la ideología izquierdista. La izquierda no tiene el menor interés en justicia social, pero utiliza ese concepto para contaminar el agua de la nación, para crear personas rabiosas e ignorantes y así desmovilizar al pueblo, prohibirle tener ideales, separarlo de sí mismo, de su energía creativa. La justicia social, los derechos de las minorías, la tolerancia, la diversidad en las manos de la izquierda son sólo aparatos verbales destinados para apagar la energía psíquica sana del ser humano.
La aplicación de esa ideología a la diplomacia produce la obsesión en seguir los “regímenes internacionales”. Produce una política externa donde no hay amor a la Patria, solo apego al “orden internacional basado en reglas”. La izquierda globalista quiere un bando de naciones apáticas y domesticadas, y dentro de cada nación un bando de gente repitiendo mecánicamente el argot de los derechos y de la justicia, formando así un mundo donde ni las personas ni los pueblos sean capaces de pensar o actuar por cuenta propia.
El remedio es volver a querer grandeza. Llene el pecho y diga: Brasil Grande y Fuerte. Miles de pequeños izquierdistas inmediatamente te atacarán como hormigas cuando pateas el hormiguero, pero si resistes y no retrocedes y ellos quedarán desorientados y se dispersarán en su insignificancia, dejando abierto el campo para construir un país de verdad.

Traducción propia

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